16/01/2012

DE PALLASCA, NUESTRO POETA

Bernardo Rafael Álvarez, poeta y escritor Pallasquino, nació el 12 de noviembre de 1954 en Pallasca, Ancash. Sus primeros estudios los hizo en su pueblo natal, hasta el 4° de secundaria; los culminó en Trujillo. Ya en Lima, estudió Cooperativismo y Ciencias Administrativas en las universidades Villarreal y Garcilaso de la Vega, y siguió, además, cursos libres de Lingüística en San Marcos.

A publicado Aproximaciones & Conversaciones, un libro que según confiesa, tiene menos de él que -aunque burdamente- de Jorge Pimentel, Enrique Verástegui y Juan Ramírez Ruiz. Publicó, también, poemas en diversas revistas y periódicos.

Es autor de este poema que publicamos anteiror, tambien de "Minuto Violentado", "Dispersión de cuervos" (1999), "Toro de trapo y algunas otras deudas" (2003) y "Los bajos fondos del cielo" (2007). Figura en las antologías Hora Zero, la última vanguardia latinoamericana de poesía (Venezuela, 2000), "Un minuto cantado para Sierra Maestra" (Lima, 2000), YACANA/51 poetas (Lima, 2005), Poesía peruana contemporánea, 33 poetas del 70 (Lima, 2005) y HORA ZERO: Los broches mayores del sonido (Lima, 2009).

Pallasquino seguidor del gran Cesar vallejo, aquí publicamos una entrevista que lo hace el diario “La Primera” de Lima.

Resucitar a Vallejo

Bernardo Rafael Álvarez, vallejiano.

Bernardo Rafael Álvarez es sin duda uno de los más fervorosos lectores y apasionados defensores de la poesía de César Vallejo. Lo encontramos en plena discusión, le interrumpimos y decidimos preguntarle.

-Entonces, ¿por qué resucitar a Vallejo?

-La resurrección siempre ha sido un disparate. Si fuera dado hacerlo con Vallejo, sería por necesidad de buscar que otro sufra dos veces por nuestros pecados y vuelva a inmolarse por nosotros. Vallejo caería como anillo al dedo. Alguien ha ensayado por allí una “resurrección” literaria del autor de Trilce, en un relato insulso que lo caricaturiza Una malhadada imprudencia, sin duda.

-¿Vallejo está vivo?

-¡Claro! Aun después de muerto, se le ha querido matar repetidamente. Hace poco, en la Cátedra Vallejo, recordé que, por ejemplo, en los años de 1970 más de un poeta decía que no lo había leído, algunos preferían a Ezra Pound y a T. S. Eliott. Se le veía casi como un apestado, pero se equivocaron, ¿qué dirán ahora? Así quisieran matarlo nunca podrían darle muerte. Hoy sabemos que a pesar de todo, Vallejo está más vivo y vigoroso que nunca.

-¿Por qué negar a Vallejo?

-No sé si la improbable razón para resucitarlo pudiera serlo también para negarlo, como Pedro antes de haber cantado el gallo. En todo caso, creo que no es malo que lo nieguen o que renieguen de él: hacerlo tiene efectos terapéuticos aunque, claro, fugaces. Pero Vallejo, es decir, su poesía, ha demostrado que goza de buena salud y es inmune. Negar algo es reconocerlo.

-¿A qué se debe la irreverencia?

-La irreverencia es casi siempre una actitud de “autosuperación”, compensa las debilidades o carencias; si le faltó el respeto a alguien, siento que soy superior a él, pero no me doy cuenta que es sólo un delirio pasajero y nada más. Ser irreverentes con Vallejo resulta un buen negocio. Pero lo digno es sentir orgullo por él, por su poesía que es nuestra.

-¿Qué daño les ha hecho?

El Vallejo ninguneado, escamoteado y tantas veces negado, sigue creciendo a pesar de todo, a pesar de parricidas y caricaturistas. Es uno de los más importantes poetas creadores de la lengua española. ¿Esto hace daño a alguien? A los que se sienten dañados por la poesía, digámosles, como en Trilce, “Cangrejos, zote!”

Desde, esta ventana un saludo y un abraso fraterno a nuestro paisano escritor BERNARDO RAFAEL ALVAREZ